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3 libros para empezar a leer poesía y no parar nunca más

Tomás Rosner es poeta oral y la figura detrás de Los Fatales (@los_fatales), cuenta de Instagram de divulgación literaria y ciclo de tradición oral. En 2018 publicó Ginseng (Modesto Rimba), libro que en diciembre del año pasado tuvo su segunda edición.

Ni bien comenzó el aislamiento, Tomás junto con otrxs poetxs organizaron Poesía en tu sofá (@poesiaentusofaarg), una propuesta que fue lanzada en España por Elvira Sastre y que se replicó con éxito en Argentina. La movida consiste en convocar a varixs artistxs de la palabra a recitar poesía y que ellos vayan transmitiendo desde su cuenta de Instagram. Ayer fue la tercera edición con un line up zarpado que incluyó a Hernán Casciari, Flavia Casile, Gonzalo Heredia, entres otrxs.

Por esto, desde la redacción de Chelsea Hotel Mag nos comunicamos con Tomás para que nos recomiende tres libros indispensables para arrancar a leer poesía y no soltarla más. Estos son sus elegidos:

Falso documental (Poesía completa 1996-2016) de Luis Chaves

Leónidas Lamborghini decía que la poesía es la vacilación entre sonido y sentido. Luis Chaves trabaja cada poema como si estuviera cuidando un bonsai y cumple con la doble nelson del viejo Leónidas: busca musicalidad y, al mismo tiempo, te llena la cara de dedos con imágenes y conceptos. 

Chaves se interesa por la cotidianeidad: las birras entibiándose, la música que viene desde lo del vecino o las fotos de las vacaciones que salieron movidas. Sin embargo, esa decisión no le quita un centímetro de profundidad. En cualquier caso, parece ser una nueva reafirmación del viejo lema de que cualquier cosa que sea observada con atención se vuelve interesante.

Llegué a su poesía después de leer la novela Salvapantallas, que es espectacular. Si no la leyeron, traten de conseguirla hoy mismo porque es tan buena como su poesía. Para ir y venir de los versos a la prosa, el escritor costarricense dijo parafraseando a Fabián Casas: “sólo se trata de una manera de enfocar la respiración”

Leer a Chaves también da ganas de escribir y por eso, me parece un libro fundamental para que el poeta en iniciación tenga a mano. Sugiero no ponerlo en la biblioteca. La mesa de luz es mejor lugar para releerlo y releerlo. 

Mi Juventud Unida (edición definitiva) de Mariano Blatt

Mi primer contacto con Blatt fue hace muchos años viendo el vídeo de Papelitos de Locura. Amanecía en la casa de mi amigo El Toto en Colegiales. Terminaba de sonar el último tema, Man Down de Rihanna, y el cansancio se mezclaba con la certeza de que esa juntada iba a ser de las que se recuerdan con nostalgia. Ahí, Nico pidió la pelota y puso el Youtube con el poema. Me partió la cabeza en mil pedazos. ¿Quién era ese demente que había encontrado tanta poesía en el fútbol de ascenso?

Vi un par de vídeos más y después agarré busqué sus poemas. Los leía poniéndole esa voz que me había quedado tatuada. Estaba en el colectivo o haciendo cualquier cosa y se me venía el encantamiento encima “y cuando salva le daba mecha y cuando Nahuel le daba mecha y cuando Kevin preguntaba si tiraba/ siiiiiii, tiraaaaa”

Fabián Casas (lo cito de nuevo aunque no lo puse entre los tres porque me pareció obvio. Lean a Casas, chiques) dice que el mundo es un lugar hostil y que, quien piense lo contrario, no sabe dónde está parado; que los amigos son como esos cables de alta tensión que metabolizan la energía: nos protegen. En ese sentido, la poesía de Blatt es una gran aliada para sobrevivir en Buenos Aires, esta ciudad hermosa y cruel a la vez.

Ancianos Relucientes de Kate Tempest

El año pasado descubrí a Kate Tempest y fue hermoso. Creo que la oralidad es la Herramienta para poder volver a la experiencia: a habitar y respirar lo real. Por eso, es una gran noticia que exista una poeta oral de nuestra generación que la esté rompiendo así y sea tan talentosa. 

Nació en Londres y además de dramaturga, es novelista y obvio, rapera. Allá es muy conocida y telonea a Chemichal Brothers: a ese nivel.

La importancia de la poesía oral viene desde los antiguos. La lectura silenciosa a solas con un libro empezó recién en el siglo X. Hasta ahí, se entendía que leer era leer en voz alta. A tal punto, que antes, las bibliotecas eran espacios ruidosos. En este sentido, Juan Gil de Biedma decía que la poesía es un organismo acústico. “Hay que leerla de corrido, no detenerse línea por línea. Y, en lo posible, en voz alta. Hasta que se inventó la imprenta, la sensibilidad literaria era auditiva: uno leía mejor si leía a viva voz”

Lo increíble de Kate Tempest es que no sólo la rompe en la oralidad (vean en youtube las locuras que hace) sino que su magia está intacta cuando uno la lee. Ancianos Relucientes está editado acá por @caletaoliviapoesia y traducido por @tamtenenbaum y se consigue a buen precio. Se los recomiendo a pleno.

Si, como decía William Blake en la cita que da comienzo al broli, “las deidades residen en el pecho humano”, los versos de esta piba te los agitan todos. Miren estos: “el camino de un pueblo que ha olvidado sus mitos e imagina que de alguna manera el ahora es todo lo que hay, es un camino de pena” (…) “chico difícil, nunca recibió suficiente amor, creció en una casa donde su mamá y su papá nunca se dijeron una palabra/ excepto cuando peleaban, así aprendió que cuando tenías algo que decir, lo decías con violencia”

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