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Libros para regalar en esta navidark🎄

Teniendo en cuenta que ya se acerca nochebuena, ya se acerca navidad, como cantan los hinchas de cualquier club de este hermoso país, van un par de recomendaciones de libros que salieron este año maldito que no son ni de Anagrama ni Random House. Sí, son libros para regalar en estas fechas donde se impone el ejercicio de la felicidad. ¿Qué mejor, entonces, que regalar una lectura?

Acá están, estos son:

Los abetos de Luciano Lamberti

Hay un árbol. Un abeto más precisamente. O muchos. Pero hay uno al que se sube Beckett, al que se sube y se tira cuando es chico. Aunque siempre se está subiendo. Siempre se está tirando. Fracasando mejor, ¿no? De ese abeto, de ese salto al vacío, surge el título del gran libro de Luciano Lamberti que acaba de publicar China Editora. Los abetos es una novela biográfica diferente, que si bien recorre toda la vida del irlandés, no lo hace de manera lineal. Por empezar, arranca en el atentado que sufrió de joven, cuando fue acuchillado por un desconocido en París, para pasar después por su infancia, sus conflictos amorosos y los años productivos del “sitio en el cuarto” hasta llegar a su final en un geriátrico, absolutamente loco, convirtiéndose, como diría una de sus mujeres, en uno de los personajes de sus obras, en su lugar común. 

Lamberti aborda al irlandés desde diferentes perspectivas, incluye fragmentos en tono enciclopédico, hace hablar a sus mujeres (a la madre –una figura central y espectral en la vida del escritor–, a la mujer y a las amantes) y hasta pone a un chico a investigar sobre Esperando a Godot para un trabajo práctico con la ayuda de un nerd y la desidia de su madre alcohólica (otro personaje beckettiano). Resultado: Beckett es inabarcable, un no nacido, es lucidez, locura y silencio. Lamberti lo sabe y lo muestra así de principio a fin, hasta sus últimos días, que como en los primeros, también tienen una caída, o varias, porque cae todo el tiempo, es una caída que no termina. De hecho, la caída del final es figurada y literal y literaria, como este libro.

Especie salvaje de Denis Fernández 

Justo antes de que termine este año inolvidable Notanpuan sacó el nuevo libro de Denis Fernandez, un libro inclasificable, que, como dice el narrador, no es novela, ni ensayo, ni tiene la estructura de relato, es un embrión. Tiene lógica porque este libro es un eterno principio: nace, muere y renace. Y el ciclo podría seguir, porque se corta en la concepción (¿cuándo sino?) pero sigue en nuestras cabezas. En cierto sentido, Especie salvaje nunca se acaba. La historia: un niño de 9 años enferma porque le entró la pata de cabra, lo que para los curanderos es producto de almas muertas, ancestros, que se aferran a cuerpos sanos para ir comiéndolos por dentro, propagándose por el organismo. Un mal espiritual. El detalle es que la pata de cabra ataca también al relato, lo deforma, el lenguaje no tiene estructura, como el niño cuerpo, y hace un montaje desordenado, que pasa por el útero materno, viaja al peñasco (su templo) y escucha testimonios de curanderos para terminar haciendo su propia necropsia. 

En este viaje el narrador se desdobla, entra en el cuerpo del niño y sale, como entra y sale de la prosa; y mira de arriba, porque, sí, está escribiendo el mapa de la enfermedad de un niño de 9 años, pero también es la enfermedad. Y el cuerpo, como haría rimar Calamaro, su debilidad. Perdón, el viaje es al interior de la conciencia del narrador, o mejor, al fin de la noche. Último, es también un libro que dialoga directamente con Bellatin y El libro uruguayo de los muertos (“Madurá”, aconsejará Bellatin). En fin, un libro que nos deja esta pregunta: ¿es el lenguaje perdido la señal de nuestra aniquilación?

Los cuentos de la abuela loba de Cecilia Rodríguez

Hexágono Editoras estrenó su colección narrativa con el segundo libro de Cecilia Rodríguez, un libro de cuentos que son historias, relatos que la abuela le legó a la narradora y que esta narra, interviene, de forma personal –hasta con notas al pie–.  Puede, entonces, que surja la siguiente pregunta: ¿quién es la autora? Respuesta: qué importa. Como diría Borges, como cita en una nota al pie Rodríguez: “No existe el concepto de plagio: se ha establecido que todas las obras son obras de un solo autor, que es intemporal y es anónimo”. 

Lo que importa son las historias de una mujer que tuvo muchas vidas, que fue una prostituta que se vio obligada a vender su pelo y usaba una peluca colorada, que se despertó siendo un hombre, que fue una sindicalista textil enamorada de una mexicana, que fue prófuga y acróbata. Digamos esto, que se llamó Delia, Manuel y Emma Z., esa mujer en la que se inspiró B. para escribir el relato que lleva su nombre. Los ocho cuentos de la abuela loba son increíbles, en efecto, pero como también diría Borges, “se imponen a todos porque sustancialmente son ciertos”. 

Las voladoras de Mónica Ojeda

La joven escritora ecuatoriana Mónica Ojeda acaba de publicar su tercer libro de cuentos esta vez de la mano de la editorial española Páginas de Espuma. Son también ocho cuentos que conforman un libro sanguinolento, que, a la manera de autoras como Mariana Enríquez o Valeria Correa Fiz, le dan vueltas a la oscuridad que nos rodea, al terror y el dolor inherentes a la condición humana, a la pena inagotable que un cuerpo es capaz de sostener. Sus historias, todas conectadas de alguna manera (sea por temática, por nombres propios o por acciones), son historias feroces, perturbadoras, narradas con una voz muy potente, entre poética y mística. 

Así cuenta historias que van desde una nena discapacitada adicta a la sangre, una profesora a la que un parricida le tira la cabeza de su hija a su jardín, una hija que se escapa de su padre alcohólico para terminar pudriéndose como él o un chamán que busca renacer a su hija a través de un sacrificio. Se dan una idea. Algo más, desde su gótico andino, Ojeda no le escapa a ningún tema escabroso: aborto, violación, femicidio, videos prohibidos, abusos, relaciones filiales trastornadas, todo cabe. Advertencia: Sangre coagulada, el segundo cuento del libro (primo hermano de Macario de Rulfo), es un cuento impresionante que esconde una gran verdad: la sangre nunca se queda quieta. Otra verdad: la sangre, como se dice en Terremoto, sabe a lenguaje.

La libertad de los bares de Cecilia Pavón

Si estás buscando un libro de poesía que te movilice, que te sacuda, ese libro es este. Cecilia Pavón escribe, como dice Tamara Kamenszain en la contratapa, como si no escribiera. Kamenszain incluso se pregunta qué tipo de magia hace. Leés el libro por primera vez y, antes de volver a leerlo, porque La libertad de los bares es de esos libros que piden volverse a leer (una vez y otra vez y otra vez), te preguntás exactamente eso: ¿qué tipo de magia hace Pavón? Escribe sin escribir, se pone en el centro pero se sale de ella para hablar de algo más grande (la nostalgia, la confusión del amor, la felicidad, la poesía misma). Pavón es una poeta fuerte porque determina qué es poesía, pueden serlo unas donas, una clase de gimnasia, un supermercado mayorista o unas zapatillas rosadas. Todas estas cosas a partir de ella son poesía y conmueven por la potencia del sentimiento que transmiten. Les dejo los versos finales de Taller literario para que quieran salir corriendo a comprarlo: Los estados de ánimo son la alegría / de la que no tiene sentido huir. / La poesía es un tesoro en mi interior, / la poesía es la forma del arte / de lo que viene después del capitalismo. Humilde opinión: el mejor libro de poesía del 2020.

Monomi de Leandro Diego

Con un catálogo muy variado, AñosLuz también apuesta a la poesía. En este caso con Monomi, de Leandro Diego, que escribe, en una línea del storytelling social que remite a Leónidas Lamborghini, un largo poema (¿es un largo poema o es otra cosa? ¿Una larga conversación tal vez?) que se fragmenta, se desvía y se vuelve a unir, como si esquivara a la forma, o mejor, como si la estirara. Citando la máxima de Lamborghini, en Monomi Diego toma la distorsión y la devuelve multiplicada. Eso es la obra, como escribe el narrador en su cuaderno Moleskine, un ojo abierto que no mira ni es mirado, porque de eso se ocupa el Estado. Y también dirá, ya más cerca del monoimi y dando el testimonio de su propia ausencia, que no hay que tratar de entender por qué.

Contramarcha de María Moreno 

María Moreno se sumó a la Colección Lector&s de Ampersand y lo hace a su manera: a contramarcha, imponiéndose la decisión por el desvío. A diferencia de otros autores de la colección que hacen un análisis más pormenorizado, más sesudo de los libros de su vida, en esta, la novela de sus lecturas, Moreno narra su infancia y adolescencia a través de esos libros claves que la construyeron; es decir, son esas lecturas las que hablan de ella, todas imbuidas por la presencia de su abuela analfabeta y de su madre omnipresente, dos figuras centrales y espectrales (sí, acá también) en esa etapa de su vida. Ahí están, por nombrar algunos, Los miserables de Víctor Hugo, Claudina en la escuela de Colette, El segundo sexo de Beauvoir (entre varios suyos), Nanina de García, Rayuela de Cortázar (al que mutila) y hasta Vida de Jesucristo, regalo del Papa Francisco. Sus lecturas de esa época explican en parte a la mujer que es hoy, el nombre propio (de Cristina Forero a María Moreno), el oído absoluto, la huida de la escuela como mito fundante, la sexualidad de los libros o la escritura para paliar la fobia de la timidez. Spoiler: el manifiesto final es descomunal.   

Ciudad feminista de Leslie Kern

A este libro de Leslie Kern publicado por Editorial Godot hay que agradecerlo. En primer lugar, porque clarifica, porque le pone palabras al problema, lo suyo es estudio y opinión fundada. Acá Kern se focaliza en la lucha de las mujeres por el espacio público en un mundo diseñado por hombres; es decir, en ciudades de hombres, que, como plantea la autora, deberían ser pensadas como ciudades para todos, y ese todos incluye a las mujeres, a las madres y a las amigas. Es un libro de ensayos necesario, que obliga a pensar en circunstancias que se suelen pasar por alto, sobre todo, la influencia de la urbanidad en las diferencias de género, que termina determinando cómo una mujer se mueve por la ciudad (cómo, por ejemplo, el miedo cumple la función social de controlar a la mujer). Un libro que trata, a fin de cuentas, de poner a conversar a la geografía feminista con la cantidad de esfuerzos concretos y cotidianos que implican sobrevivir y prosperar, luchar y florecer, como mujeres en la ciudad.

BONUS:

¿Por qué escuchamos a Bowie? de Juan Rapacioli

Juan Rapacioli, un bowiologo obsesionado con su objeto de estudio, busca responder la pregunta del título en el nuevo libro de la colección “Por qué escuchamos…” de Gourmet Musical. ¿Cómo se aborda al hombre de las mil máscaras? Bueno, Rapacioli da una respuesta: desde la fascinación, esa de la que Bowie siempre se alimentó para crear un sonido, su sonido del futuro. El libro entonces pasa por todas las etapas de Bowie sin seguir un orden cronológico, de hecho, arranca por el final: por esa maravilla que es Blackstar, su lucha contra la muerte, su último regalo. Después sí va para atrás y para adelante, pasa por esa década del setenta híper productiva (¡11 discos!, la mayoría buenísimos, un disparate), por los años de Berlín, por los éxitos comerciales y los fracasos que siguieron en los ochenta y los noventa, hasta el largo silencio que se cortó con The next day (ese disco que Mark Fisher lamentó odiar). Major Tom, Hunky Dory, Ziggy Stardust, Starman, Aladdin Sane, el Duque Blanco o el originario David Jones, llamalo por cualquiera de sus nombres, de sus personajes. Todos los Bowie, Bowie.

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