Giovanna Rivero: ¿Quién no tiene un pasado oscuro?

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En Tierra fresca de su tumba, el libro de cuentos de Giovanna Rivero (@giovannariverosc) que editorial Marciana (@edmarciana) acaba de sacar en este año pandémico, la tierra se siente, pero no de tantearla en la superficie, sino de cavar en ella: leerlo es ensuciarse las manos con la autora, que las uñas se pongan negras, cubiertas de mugre; en el libro, digámoslo así, Rivero, con su prosa precisa, de precisión japonesa, parece pedirnos que hundamos el brazo tierra adentro para buscar lo que no se ve, lo que está tapado.

Son seis cuentos protagonizados por mujeres –aunque en alguno el protagonismo sea compartido– que sufren desde abusos sexuales y psicológicos a enfermedades en el cuerpo o en la cabeza; mujeres desesperadas, sí, pero también valientes, que, a su manera, enfrentan lo que les pasa. Y son cuentos que no esquivan lo macabro (la violencia de género, el incesto, las adicciones), al revés, se adentran en la oscuridad.  

Pensándolo bien, leer a Rivero es meter la mano en la tierra y también en su mundo de papel; a fin de cuentas, causa el mismo asombro que ver una pieza singular de origami, como una víbora colorada, por primera vez.

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¿Cómo surgió Tierra fresca de su tumba?

Este libro lo vine escribiendo desde el año 2015. Los cuentos nacieron a partir de una tensión entre la muerte y una comprensión distinta que en ese momento fui desarrollando de la vida, precisamente para contrarrestar la angustia que ocasiona eso de la “finitud”. Siempre me atrajo la astrología como lenguaje y poética, pero también como posibilidad científica, capaz de explicarme circunstancias que otros códigos, por muy epistémicos que fueran, no conseguían interpretar, no para mí. La muerte joven, por ejemplo. El suicidio como puerta, la sabiduría autónoma del cuerpo. El 2015 falleció una amiga muy querida, muy joven, y en enero de 2018 murió mi hermano menor, a los 31 años. Estas interrupciones me pusieron en otro lugar, un lugar nuevo, doloroso, incómodo, y de allí surge este libro.

La tierra está en el título y ronda de distintas maneras en el libro, aparece como sueño, relacionado a la muerte (Piel de asno), pero también como sanación (Cuando llueve parece humano) y, creo, como origen (Hermano ciervo). ¿Qué implica la tierra?

La tierra es una de las carnes de la naturaleza que más me convoca, que me estremece y me maravilla profundamente. Siempre he dicho que, al morir, me gustaría integrarme a los minerales de la tierra, volver a ser allí otra cosa, otra materia –lo digo con eufemismos, pero tal vez debería decir: “asegúrense, hijos míos, de que me pudra en la tierra”–; aunque con esto de la pandemia eso también está en peligro. Las fosas improvisadas, la urgencia en algunos casos de la cremación, el manejo ‘científico’ y aprensivo de los cadáveres, a los que se les despoja de su condición sagrada, todo eso quizás habla de una ritualidad –la de la tierra como amable lecho– que está ahora muy amenazada. En este libro yo quería que la tierra en su minuciosidad orgánica, me refiero a su textura concreta, al hecho de desgranarla en la mano, a su cualidad casi de alimento, estuviera presente con esa sensación táctil.

Ninguno de los personajes pareciera estar cómodo con su situación, son solitarios que no logran adaptarse al mundo que les tocó e intentan entender el porqué. En Pez, tortuga, buitre se dice que “es un derecho rumiar los recuerdos como si fueran pasto” y creo que esto podría aplicar para el resto de los cuentos: el mirar para atrás. ¿Lo pensaste así?  

Debe haber allí un nodo del que se desprende mi escritura, pues fíjate que, justo hace unos meses, quise coordinar un taller de cuento al que titulé “¿Quién no tiene un pasado oscuro?” y cuyo enfoque consistía en trabajar con las semillas no siempre conscientes que les dan forma a los conflictos del personaje. Supongo que lo que me interesa al escribir es justamente eso, que el personaje entienda, por fin, de dónde viene ese monstruo crecido y bien alimentado al que se está enfrentando. No me gustaría nunca que el relato se convirtiera en una crónica terapéutica, por decirlo así, pero sí que el personaje se aventure y arriesgue a comunicar la totalidad y complejidad de una existencia en unas cuantas páginas.

Todos los cuentos tienen como protagonistas a mujeres desesperadas inmersas en historias ominosas, pero, justamente, se muestra, me parece, la fortaleza de esas mujeres, aun en esas situaciones terribles que se narran. ¿Querías mostrar esto?

La mayor parte de mi escritura está poblada por mujeres que, efectivamente, se enfrentan a situaciones muy difíciles. A mí lo que me importa al construirlas como personajes centrales es comprender el tipo de respuestas que ellas elaboran para esas situaciones. Pienso que la medida de un personaje está en su respuesta al problema en el que lo colocás. Nunca tengo muy claro qué va a suceder en ese momento cardinal y también por eso escribo, porque hay una ruta desconocida hacia la que me guía esa mujer y yo quiero acompañarla, verla en acción.

Hablando de mujeres, un tema destacado que aparece es la relación madre-hija, la maternidad en todas sus variables (madres rotas, madres presentes, madres distanciadas, madres enfermas, madres muertas). ¿Qué te da la maternidad como motor narrativo?

Supongo que mi propia maternidad, pero también mi lugar de hija, me han empujado a meditar mucho sobre qué significa ese vínculo, hasta qué punto llega, qué hay de karmático en esa relación. En ambos casos, hija o madre, la noción de que esa otra a la que estás trascendentalmente ligada es justo eso: otra, otra existencia, casi una desconocida, me cuestiona y moviliza mucho. En mis relatos, estas madres son para mí sujetos que quiero conocer, pero que de algún modo se repliegan en un bello misterio. Quizás mis personajes madres huyen de la idea de que por ser madres son completamente legibles, con reacciones previsibles, con formas de amar al hijo o la hija moldeadas por la cultura. Ellas hacen de su maternidad un camino existencial con claroscuros y colinas que rompen la planicie de esos moldes.

Otro tema que aparece mucho es la culpa religiosa, la opresión que provoca la religión y también su búsqueda como salvamento. Algo que se ve muy claro en La mansedumbre y Piel de asno, en donde sus protagonistas piden ayuda a los gritos. ¿Era lo que tenías en la cabeza?

Muchos de mis personajes colisionan contra la institución religiosa porque esta no cumple con algo que ellas buscan desesperadamente: una dimensión auténtica y abarcadoramente divina, la epifanía sobrenatural, el contacto de la conciencia individual con una energía cósmica amorosa, eléctrica, absoluta. Además de estos cuentos que mencionás, en los que estas mujeres miran de frente a los dogmas religiosos y los deconstruyen a su manera –en Piel de asno la heroína lo hace casi desde un humor ácido–, también en Hermano ciervo ocurre una ritualidad salvaje, un momento de profana oración, una revelación sublime que confirma lo que el personaje ha intuido siempre: no es necesario distinguir entre la piedra o el agua, no conduce a nada diferenciar el alma de una persona de la de un animal; todo es energía. Es finalmente eso lo que descubren estas mujeres.

En distintos cuentos se habla de Bolivia, del sentimiento de extranjería cuando se está afuera, pero así como en Piel de asno los hermanos no piensan volver (“Bolivia es una enfermedad mental”, dice uno de ellos), en Hermano ciervo la pareja, por más de que por las noticias pareciera que su país es otro, desea volver. ¿Qué es Bolivia para vos?

La extranjería trastorna, deforma, idealiza, pero también transparenta muchas cosas de la patria. No tengo una respuesta concreta porque esa respuesta posible siempre está construyéndose, se contradice, se afianza por momentos, y luego resulta ser una ilusión, incluso una desilusión. Bolivia es el lugar donde están las voces que amo, mis muertos, mis sobrinos pequeños, mi historia personal, y es también un país violento, violentado, terrible, injusto, valiente, una bomba de tiempo, una constante tensión, un espacio cuántico donde lo ancestral y un presente incomprensible se pelean por instalarse en la gran historia. Es el lugar del regreso.  

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