Ana García Blaya: Directora de sus historias

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Las buenas intenciones es una peli argentina que se estrenó a finales del 2019, que viajó y se mostró en un montón de Festivales internacionales. Retrata la historia de una familia en los 90´s, con pizza y Fútbol de primera, con papás divorciados, con hijos que van y vienen, con problemas económicos, música y mucha, mucha emoción verdadera. Corte.

También es la ópera prima de Ana García Blaya, quien decidió relatar su historia para ofrecer una historia sensible, alejada de golpes bajos y poner en primer plano la relación de un papá, interpretado por Javier Drolas, y una hija, interpretada por Amanda Minujin. Corte.

Las buenas intenciones es una película familiar alejada de las escenas costumbristas. Es una carta de amor al padre, una manera de atravesar un duelo y un elogio a la sencillez de lo cotidiano. Ah, y tiene una banda sonora que es un lujo. 

Desde la redacción de Chelsea Hotel Mag nos comunicamos con Ana para preguntarle cómo fue hacer Las buenas intenciones.

Escribiste el guión hace 10 años en un taller que hiciste con Pablo Solarz, contanos de dónde viene tu relación con el cine.

Lo que me gustaba era escribir y el taller de guión fue mi primera aproximación al cine. Lo terminé y para mí quedaba ahí, en ese momento no tenía intenciones ni creía tener conocimientos para dirigir esa película. Creo que le mostré el guión a un par de productores pero nadie quería filmar una película con tres niñes. Pero bueno, estaba contenta, tenía una obra terminada, un libro cinematográfico.

Había trabajado en publicidad y fui asistente de dirección un par de años, eso fue lo máximo que me acerqué al mundo del rodaje. Ahí conocí un montón de gente que después me acompañó cuando ganamos el concurso de ópera prima en el 2016.

¿Cómo fue largarse a hacer cine con una obra tan personal?

Tomó forma de película, pero podría haber tomado forma de disco, como le sucedió a mi hermano, o forma de relato, como otros relatos escritos que he producido desde el momento en el que partió mi papá. La muerte de mi papá fue el motor del proyecto y de las ganas de filmar y de realizar esta película, homenaje, catarsis, que fue Las Buenas Intenciones.

Me largué por el empuje de una de mis hermanas, que es una de las productoras. Yo tenía la película en mi cabeza hace muchísimos años así que me envalentoné y la transité de una forma muy particular que, tal vez, es algo más común en las óperas primas, pero bueno, no pensé que iba a ser un camino tan sanador. 

No sé si podría dirigir cualquier cosa que no sea tan personal, por eso no sé si me considero una directora de cine pero sí una directora de mis historias, de mis películas, porque no sé si tengo todavía la capacidad de dirigir cualquier cosa que no pase por un mundo conocido por mi. 

La peli mezcla ficción con filmaciones caseras, juega con el cruce con el documental, algo que genera una cercanía con el espectador muy particular. ¿Cómo surgió el formato?

Las imágenes de archivo siempre existieron, fueron parte de las pocas cosas que llevé conmigo en todas mis mudanzas. Los videos filmados por mi padre durante los 90´s eran videos que tenía para mostrar como referencia a los diferentes departamentos, arte, vestuario, para mostrarle a los actores, para que entendieran cómo era un poco el espíritu de esa familia, la onda entre cada uno de los integrantes. 

Creo que solamente tenía la fantasía de utilizar las imágenes de la playa, de las vacaciones porque no había la posibilidad por una cuestión de presupuesto de filmar eso ni de llevar un equipo a la playa. Entonces dije que podría probar con usar esas imágenes y lo probé en el primer corte y la verdad que ahí me pareció que le jugaba muy bien, que le sacaba presión a la ficción, que aportaba sinceridad al relato. Jamás pensé en incorporar el material de archivo de una, ni que fuera un semi documental ni nada por el estilo, quería que sea una ficción. Ahí empecé un viaje de editar siete semanas, paré un poco, me puse a revisar todo lo que tenía. Descubrí cosas nuevas que jamás había visto, cosas que me aportaron amigos de mi papá y que me sorprendieron lo bien que encajaban en el relato y que aportan mucho de la época, planos abiertos que yo no podría haber hecho por la cantidad de autos de acción y de la época, y porque era otro paisaje. 

La verdad es que es una película de los 90´s, no sucedió hace mucho pero es de época. Fue como un aporte de mi padre que me sorprendió mucho. Con todo eso volví a entrar a editar y a meter todo lo que consideré que podía ayudar a hacer crecer la historia. Fue hermoso poder incluir eso y después comprobar que llegaba de esa manera a cualquiera, no solamente a espectadores amiges, o familiares o gente que conocía mi historia. 

Hay dentro del elenco una situación muy familiar, vos trabajando con tus hermanos, Minujín y sus hijas, ¿esto fue algo buscado o se dio así? 

Es una película que se tuvo que hacer con un equipo que me supiera contener como ópera primista, que supiera entender que además de una filmación era un viaje para mí y para mi hermana, y bueno, participaron muchos familiares. Tengo una prima en vestuario, el sound designer es mi primo que vino de Berlín a hacer el sonido, muchas amigas muy fieles se embarcaron en esta aventura mucho antes de la pre producción, que empezaron a pensar, que conocieron a mi padre. 

Incluso una amiga que vive en Suiza, que solía ser mi jefa, una vez cuando leyó el guión me dijo: “cuando vos filmes esto yo te voy a asistir”. E hizo eso, se tomó un avión y vino con todo su amor a confeccionar el mejor plan de rodaje que se podía haber confeccionado. Porque con menores es muy difícil de filmar, tenés solamente 6 horas, en realidad, con Amanda teníamos solamente 6 horas, con Ezequiel y Carmela teníamos 4 nada más; así que era un rodaje muy delicado, sin cambios posibles. Estuvimos ajustadísimos y con un equipo muy atento a los menores, a cuando ellos estuvieran listos. Fue muy hermoso. 

La familia Minujín pudo sentir eso porque las chicas nunca habían participado en ningún rodaje y entendieron cómo era la onda de la filmación, cómo se iba a trabajar con sus hijas y decidieron acompañarlas. Al principio ellos no sabían muy bien de qué se trataba, era todo muy nuevo y apostaron y acompañaron. Incluso Juan acompañó haciendo un pequeño papel pero sobre todo estuvo como papá más que como actor. Así que tanto él, como Laura, la mamá de las chicas, como Cecilia, la mamá de Ezequiel, estuvieron muy cerca acompañando, abrazando la película sin intervenir demasiado pero siempre presente para sus hijes. La verdad que nos encariñamos muchísimo. 

Todos nos compenetramos con la historia, con Amanda tuvimos una conexión muy fuerte. La película se filmó casi en orden cronológico, para que los chicos pudieran sentir la evolución de la historia. Voy a estar eternamente agradecida a esas familias que sin presionar y sin estorbar supieron acompañar a esos tres menores. Y seguimos todavía en contacto porque la peli nos tocó una fibra que nos hermanó de alguna manera. 

Las buenas intenciones viene recorriendo muchos kilómetros, participó desde el Festival de Toronto hasta el de San Sebastián, ¿qué es lo más loco que pasó con la peli afuera? 

Terminar de editar la película, que esté contada era más de lo que yo había soñado, eso ya me puso feliz. Después todo lo demás que vino fue un abrazo, y un abrazo, y un abrazo más cada festival que nos aceptaba, que nos invitaba y que nos daba la oportunidad de intercambiar con el público que estaba ahí, que se acercaba. Ya lo conté varias veces pero en Toronto se me acercó una chica japonesa llorando diciéndome esta es la historia de mi papá y quedamos las dos fundidas en un abrazo, ahí entendí que la peli se entendía. 

Fuimos con mucha confianza a España porque ya era un público que podía llegar a entender un poquito más. Y gustó mucho, en San Sebastián ganamos un premio TCM de la juventud, que lo eligen chicos de entre 18 y 25 años, que ni siquiera habían nacido en la época en la que se relata la película y ahí nos votaron. Ese fue uno de los premios que más disfruté porque votaba el público, un público joven. 

Estuvo en Oslo, donde el público escandinavo se asustaba un poquito más por la situación de los chicos, hacían preguntas diferentes como si los servicios sociales no hicieran nada con el padre, ahí la entendieron un poco menos pero gustó.

Y después estrenarla en el Festival de Mar del Plata fue maravilloso, la verdad que acá se entendió todo, cada detalle de la época, la música, el porqué de la elección de cada banda. La verdad es que todo lo que sucedió después con la peli fue hermoso y me dio un poquito más de confianza para lo que viene. 

Nunca viajé tanto en mi vida por el mundo como con la película, es algo que me hace reír siempre. Mi papá jamás tenía plata para viajar y un poco siento que gracias a la historia que estoy contando sobre él, un poco por su ausencia, me llevó a conocer países que jamás hubiera soñado con conocer. Me llevó a Cuba, me llevó a conocer la costa oeste de Estados Unidos que era algo que jamás pensé que iba a suceder. Y lo más loco que me pasó fue que las primeras 50 veces que presenté la película, en cualquier lugar que la presentara, hubiera poca o mucha gente, no paraba de llorar. Y en un momento dejé de llorar, y fue hace poquito así que creo que me ayudó a transitar y a hacer un duelo que tal vez me hubiera durado mucho más tiempo. 

La película es más que una película y sigue resonando en mí, trasciende lo que es la pieza audiovisual, es muy importante y revolucionaria para cuestiones que no habían terminado de cerrar y terminaron haciéndolo con la película. La relación con mi madre, con mis hermanos, digo, mucho más de lo que pasó internacionalmente es lo que pasó internamente con la película en todos nosotres. 

La música es un puente de unión muy importante tanto por el lugar que tiene en la película cómo en la vida de los personajes, ¿tenías pensado darle ese protagonismo desde el principio o fue algo que apareció con el rodaje?

La música siempre fue muy importante y fue una de las razones por las que me decían que era inviable cuando mostraba el guión hace mucho tiempo. El guión original tiene bandas de sonido que jamás hubiera podido pagar, tenía bandas de afuera que por supuesto no estuvieron. Mucha música por la presencia de la disquería en la película y de la relación que tenía Gustavo con sus hijes, a través de la música, así que no podría no haber música. Encontramos la manera, la peleamos muchísimo y al final terminamos contando con unas joyas musicales, como por ejemplo el himno de Charly que jamás hubiera soñado con tenerlo. Ese era el único tema que no estaba en el guión original porque jamás hubiera imaginado que iba a poder contar con el. Editando se me ocurrió ponerlo y después soñar con tenerlo y lo logramos. 

La verdad que los músicos de la banda de sonido fueron muy amables y cariñosos con nosotros. Stuka de Los Violadores cedió el fonograma, Andrés Calamaro y Cuino Scornik también cedieron el fonograma de la versión de No me pidas que no sea un inconsciente. Siempre pudimos pagar el mínimo en SADAIC y contar con esas versiones, así que fue increíble. Nunca me hubiese imaginado que era tan difícil tener tantas bandas de sonido. Pero también conté con música de mi papá, con música de mi hermano compuesta especialmente para la película y preexistente de las bandas que él integra en Paraguay. Sin la música no hubiera sido esta película, estoy muy feliz de haber reunido tantos talentos. De hecho, tenía que tener mucha música pre pactada porque mucha se cantaba en el rodaje, no es que yo podía elegir después si ponía una u otra, porque ellos lo cantaban en el auto, o lo cantaban en guitarra, era música toda diegética asi que tenia que saber lo que iba a estar sonando, en muy pocos casos tuve que hacer cambios.  

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Sobre Hotel Chelsea Mag

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