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Crimes of the future y el género body-horror

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Por Lara Buonocore (@larabuonocore)

En el Festival de Cannes de este año se presentó Crimes of the Future, la nueva película del director de culto David Cronenberg. En Argentina tuvo un estreno limitado de 12 funciones en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (¡todas las entradas ya se agotaron!), y el 29 de julio sale por la plataforma MUBI.

El último filme del director había sido Maps to the Stars (2014), un drama que retrata el aspecto negativo de la industria cinematográfica con cierta ironía y parodia: los personajes sufren desmesuradamente, de forma física y mental, hasta llegar al punto del patetismo y, como espectadores, no nos identificamos con ellos. Sin embargo, la vuelta del director se distancia de su última producción, y se da en el terreno donde es considerado un principal referente: el body-horror.

Crimes of the future está ambientada en un futuro donde la devastación del medioambiente trae cambios radicales para las personas: a muchas de ellas comienzan a crecerles nuevos órganos como consecuencia de una mutación genética. En medio de esta suerte de poshumanidad que vive en un entorno sintético, los artistas performáticos Saul Tenser (Viggo Mortensen) y Caprice (Lea Seydoux) hacen shows en vivo donde ella abre el cuerpo de Saul con un aparato a distancia y le saca los órganos que van creciendo dentro de él. Timlin (Kristen Stewart), una investigadora de la Oficina del Registro Nacional de Órganos, hace un seguimiento obsesivo de sus prácticas y descubre a un grupo que quiere hacer uso de Saul para lo que consideran la próxima fase del ser humano. La pregunta por la tecnología, el dolor, y los vínculos entre las personas subyace a toda la película y persiste como algo indescifrable.

Cronenberg, ya reconocido por películas como The Fly, Shivers y Dead Ringers, siempre lleva al género hacia sus límites y los expande, abre posibilidades que no parecían estar ahí antes: el cuerpo es el agente que mueve a las películas; su motor, potencia, y también aquello que genera horror. En sus filmes juega con el límite difuso entre ciencia y naturaleza, cuerpo y máquina, y sus personajes atraviesan esa zona indeterminada.

Si bien este director es un exponente central del body-horror, el género existía antes de su representación en las películas: su germen ya estaba latente en la literatura, como en Frankenstein de Mary Shelley, o La transformación –más conocida como La Metamorfosis– de Kafka, donde Gregor Samsa experimenta una mutación hacia un insecto. Por otro lado, en una línea más relacionada a las narrativas del cuerpo –no necesariamente dentro del terror– puede pensarse en la novela El animal sobre la piedra, de Daniela Tarazona, donde la protagonista atraviesa el duelo de su madre mediante una transformación animal del cuerpo. Otro ejemplo es La maestra rural, de Luciano Lamberti: en esta novela coral, el cuerpo –y sobre todo, el cuerpo que gesta– supone una experiencia dolorosa, fronteriza, que entra en contacto con algo del orden de lo desconocido.

Volviendo al cine, quisiera agregar que el body-horror no es sólo sangre, vísceras y órganos expuestos, también puede ser algo como El cisne negro, de Darren Aronofsky, donde la relación con el propio cuerpo es violenta y conflictiva, y se retrata en escenas que provocan escalofríos, impresión, miedo. Incluso se puede considerar a El Maquinista como parte del género, en ella el horror reside en el aspecto más material del cuerpo: frente a un insomnio incurable y una culpa que quiebra al protagonista, éste llega a sus límites, tanto físicos como psicológicos, y en el proceso, el cuerpo se deteriora sin reparo.

En todos estos filmes, los personajes –y de una forma u otra, los creadores y espectadores también– se enfrentan al hecho de que el cuerpo es algo orgánico, y por esa misma razón, infinitamente frágil. Es inevitable percibirlo desde una nueva (otra) perspectiva, que ilumina sus múltiples matices, esos aspectos que antes no teníamos en cuenta.

En fin, no recomendamos la película de Cronenberg para los que se impresionan fácil, porque las imágenes son explícitas y muy crudas: mucha gente abandonó las proyecciones después de unos pocos minutos de película. Pero si les gustan la ciencia ficción, el horror y las historias con temáticas del cuerpo, esta película es ideal porque tiene una buena dosis de esas cosas.

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